Te sugerimos que al hacer esta lectura considerando que para quienes padecemos trastornos de alimentación, la sustancia (alcohol) se sustituye por comida, los que en una generalidad son harinas y azucares refinadas, sin embargo, algunos miembros han identificado que son otras sustancias las que les desatan la compulsión, por lo que es importante trabajar el programa con tu madrina/padrino para identificar cuáles son las sustancias que desatan la compulsión en ti.

Te sugerimos poner en practica el ejercicio “el semáforo” el cuál te ayudará a identificar las sustancias que te afectan, encontrarás un ejemplo en el link: EL SEMÁFORO

  

“ALERGIA”

 

El descubrimiento del Dr. Silkworth

Descubrió que los alcohólicos tenían una vigorosa fuerza interna de autodestrucción. Su descubrimiento tuvo lugar cuando logró dividir esta fuerza en dos: un deseo imperioso físico y una obsesión mental. Escribió:

 

el Dr. Silkworth sintió que el alcoholismo era una especie de alergia. Los alcohólicos son personas que tienen una reacción alérgica al alcohol.

“Creo que parte de esto se encuentra en sus cuerpos y la otra parte están en sus mentes”. Si leemos las líneas 9-20 de la página xiv del Libro Grande, aprenderemos que el Dr. Silkworth confirmó que tanto el cuerpo como la mente de un alcohólico son anormales. A los alcohólicos se les había considerado como pecaminosos, corruptos, débiles y faltos de carácter moral. Pero como dice en la página xiv, el Dr. Silkworth sintió que el alcoholismo era una especie de alergia. Los alcohólicos son personas que tienen una reacción alérgica al alcohol.

 

Los ciento y tantos alcohólicos - que habían resuelto sus problemas con la bebida y que habían supervisado la escritura del Libro Grande - estuvieron de acuerdo en que la explicación del Dr. Silkworth tenían sentido y que explicaba muchas cosas que, de otra manera, no podrían explicarse. El alcoholismo visto como una alergia La palabra que el Dr. Silkworth utilizó - alergia - probablemente les ocasiona más problemas a algunas personas que cualquier otra palabra contenida en el Libro Grande, por lo que queremos examinarla cuidadosamente.

 

Es importante que entendamos exactamente lo que le Dr. Silkworth quiso decir al referirse a una alergia. Antes de que ambos llegásemos a A.A. o hubiésemos leído el Libro Grande, creíamos saber el significado de la palabra alergia. Sabíamos que, si eres alérgico a algo y comer, bebes o respiras ese algo, tendrás una reacción física. Si eres alérgico a las fresas y comes pastel de fresas, te dará sarpullido. Si eres alérgico a la ambrosía y respiras polen de ambrosía, te arderán los ojos y comenzarás a estornudar.

Cuando llegamos por primera vez a A.A., se nos dijo: “Compañeros, son alérgicos al alcohol y nunca más podrán beber con seguridad”. Lo primero que pensamos fue: ¿Cómo podemos ser alérgicos al alcohol? Hemos estado bebiendo un litro diariamente. No nos da sarpullido y no estornudamos al beberlo. ¿Cómo puedes beber tantas cantidades de algo a lo que eres alérgico?

 

Pensábamos que, si eres alérgico a algo, eso quería decir que tendrías una reacción física visible, como el estornudo o brotes en la piel. Pero si buscas en el diccionario, encontrarás que una de las definiciones de alergia es una reacción anormal a una comida, bebida u otra substancia - no necesariamente estornudos, comezón o vómitos, sino cualquier reacción anormal.

Lo curioso de tener una reacción anormal es que no puedes saber si algo es anormal o no, hasta que sepas lo que es normal. Cuando comenzamos a asistir a A.A. y se nos dijo que éramos alérgicos al alcohol, tuvimos que admitir que no sabíamos lo que era normal. Sabíamos cómo nos sentíamos y cómo nos comportábamos al beber una copa, pero no sabíamos si eso era normal; no sabíamos si otras personas sentían y se comportaban como nosotros. Lo único que sabíamos sobre el alcohol era la forma en que lo bebíamos nosotros y la forma en que lo bebían las personas que bebían con nosotros. (Verás...Si las personas no bebían como nosotros lo hacíamos, no bebíamos con ellas).

 

Eventualmente, nos dimos cuenta que, para descubrir lo que quería decir normal, tendríamos que hablar con personas que no se veían afectadas por el alcohol como nosotros - los llamados bebedores sociales. Les preguntamos a algunos de ellos: “¿Cómo te sientes cuando bebes una copa?” Y ellos respondían algo como: “Verás. Llego del trabajo sintiéndome cansado, tenso y exhausto. Bebo una o dos copas antes de cenar y, al poco tiempo, me siento cómodo y relajado. Después, ceno y, generalmente, ya no bebo más esa noche”. Al principio, esto nos sorprendió porque no es nada parecido a lo que nosotros sentíamos al beber alcohol.

 

Cuando cualquiera de los dos bebía una copa, comenzábamos a responder de inmediato. Cuando el alcohol pasaba por nuestros labios, éstos empezaban a estremecerse. Cuando el alcohol llegaba a nuestras lenguas, sentíamos que se expandían y se hinchaban. De ahí, llegaba a nuestros cachetes, que aleteaban un poco. Podíamos sentir como pasaba por nuestras cavidades nasales, hasta llegar a nuestras frentes y obteníamos una sensación indescriptiblemente maravillosa. ¡Y eso que ni siquiera habíamos dado el trago - éste aún se encontraba dentro de nuestras bocas! Al dar ese trago, ocurrían cosas sensacionales. Nuestros pechos parecían crecer y ensancharse. Luego, el alcohol llegaba a nuestros estómagos, donde explotaba como si fuese una bomba. Inmediatamente sentíamos como corría por nuestros brazos. Al llegar a las manos, nuestros dedos comenzaban a sentir picazón y a vibrar. El alcohol corría velozmente por nuestras piernas y teníamos la sensación de estar acrecentándonos. De ahí, llegaba a nuestros pies y nos daba una sensación intensa y excitante de levántate - ve - a - algún - lado - y - haz - algo. Eso es muy diferente a la cálida y relajante sensación que obtiene la mayoría de la gente al beber alcohol.

 

 Beber socialmente y el mito de la fuerza de voluntad

Cuando hablamos con algunos de los bebedores sociales normales promedio, también les preguntamos cómo se sentían después de haber bebido varias copas. Nos respondieron que sentían una ligera sensación de mareo, pérdida de control y náusea. “No nos gusta esa sensación nauseabunda”, nos dijeron, “por eso solo bebemos una o dos copas y eso es todo lo que queremos beber”. Después de haber hablado con bastantes personas que nos dijeron los mismo, nos dimos cuenta de que esa es la reacción normal ante el alcohol. Es una droga sedante y supuestamente debe hacer sentir ligeramente mareado y un poco fuera de control. Debido a que el alcohol es un destructor de los tejidos humanos, el cuerpo debe reaccionar con náusea si se bebe demasiado. Cuando ingieres mucho alcohol, el cuerpo lo vomitará para deshacerse de él.

 

Esto nos respondió una gran pregunta. Siempre habíamos pensado que los bebedores sociales usaban fuerza de voluntad para parar, después de haber bebido una o dos copas. De hecho, esa es una de las cosas que a menudo se nos decía: “Todo lo que debes hacer es usar fuerza de voluntad, así como lo hago yo”. Pero ellos no tienen que usar fuerza de voluntad, ya que todo lo que quieren o necesitan son una o tres copas, nada más. Obtienen la cantidad que desean beber cada vez que beben así que les es fácil parar.

 

Durante años observamos a estos bebedores sociales, haciéndonos preguntas sobre ellos. Bebían un par de copas y, cuando alguien le ofrecía la tercera, decían “Ay, no. Ya me pegó esta”, o “No, ya me dio sueño”, o “No, porque me voy a sentir mal”. Nunca habíamos logrado entender cómo podían decir esas cosas, ya que el alcohol no nos hacía sentir así.

 

Al beber alcohol, nunca nos habíamos sentido ligeramente mareados, fuera de control o nauseabundos. Nos sentíamos en control. En vez de reaccionar con náusea, nuestros cuerpos decían: “Bebe más alcohol”. Nuestros cuerpos producían un deseo físico agudo - tan fuerte, que nos era posible imaginar cómo seríamos capaces de para de beber. Planeábamos cómo seríamos capaces de parar de beber.

 

Planeábamos beber tan solo dos copas, pero cuando cualquiera de los dos había ingerido esas dos copas en su sistema, se desarrollaba ese deseo imperioso físico. El cuerpo se adueñaba y la mente ya no estaba en control. Bebíamos la tercera copa, la cuarta, seguíamos bebiendo más y pronto comenzaban los problemas. Esa es una reacción anormal al alcohol.

 

Entiéndase, por favor, que “anormal” no significa “malo” o “débil” o “equivocado” - tan solo es diferente a lo que la mayoría de la gente siente. La única diferencia entre normal y anormal radica en que normal es lo que la mayoría de la gente hace. Sucede que aproximadamente una de cada diez personas reacciona como nosotros al beber. Esas personas tienen una reacción alérgica al alcohol, al igual que nosotros. Si tu reacción al alcohol es parecida a la nuestra, tú también tienes la alergia.

 

Después de hablar con las personas, descubrimos que nuestra reacción al alcohol era anormal y empezamos a comprender por qué ninguno de los dos podía beber sin emborracharse. Así mismo, comenzamos a ver cómo les debía parecer nuestra forma de beber a las personas normales. Tuvimos que aceptar que, en lo que al alcohol se refiere, somos distintos a la mayoría de las personas.

 

Cuando las personas normales sienten el efecto que produce el alcohol, están listas y son capaces de parar de beber. Pero cuando los alcohólicos sienten el efecto del alcohol, quieren seguir bebiendo. Quizás algunos sean capaces de “a puño cerrado” limitarse en ocasiones. Pero inevitablemente llegará el momento en que sean incapaces de parar. Eventualmente, a sus mentes les será imposible controlar el deseo imperioso físico. ¡No muy difícil! - literalmente imposible.

 

En las líneas 31-33 de la página xvii en “La Opinión del Médico”, el Dr. Silkworth dice que ese deseo imperioso físico está más allá de cualquier control mental. En alguna ocasión escuchamos a alguien decir que la diferencia entre bebedores sociales y alcohólicos consiste, en que los bebedores sociales asisten a una fiesta para socializar y quizás beban una o dos copas. Los alcohólicos van a una fiesta para beber y quizás socialicen incidentalmente, al estar ahí. Las personas normales no tienen un deseo imperioso por el alcohol. Nosotros, los alcohólicos, si lo tenemos.

 

 El deseo imperioso físico ocasionado por el alcohol

 

Creemos que en ocasiones la gente no habla suficientemente sobre la parte física del alcoholismo en A.A. Como alcohólicos, parte de nuestro problema radica en nuestra mente, pero otra parte se encuentra en nuestro cuerpo. La mayoría de los problemas de salud son físicos; algunos son mentales o emocionales. Sin embargo, el alcoholismo en una enfermedad inusual porque afecta tanto al cuerpo como a la mente.

 

La parte mental de la enfermedad consiste en una obsesión por el alcohol; la parte física es un deseo intenso por el alcohol. Los dos aspectos de la enfermedad son muy diferentes, como pronto veremos, pero ambos trabajan muy cerca. El deseo imperioso físico es parte de nuestra alergia al alcohol. Es la reacción que surge al tener alcohol dentro de nuestro sistema. Nótese que el deseo físico comienza después de beber, no antes. El alcohol dentro de nuestro cuerpo nos hace desear más alcohol. Así funciona la alergia. El Libro Grande “el deseo imperioso” siempre se refiere al cuerpo - al deseo físico que solamente ocurre después de haber bebido una copa. Así es como usaremos esa expresión en este libro también. En cuanto a los deseos de la mente, utilizaremos otras palabras. Ahora sabemos que, como alcohólicos, parte de nuestro problema es puramente físico. Una vez que hayamos empezado a beber, finalmente seremos incapaces de parar. Es así de sencillo y es un hecho. No podemos parar. Si eres alcohólico y te dices a ti mismo que puedes beber una copa y parar, estás en un aprieto.

 

La Respuesta es la Abstinencia La única manera de evitar problemas es no beber esa primera copa.

  

 

Referencia:

 

Alcohólicos Anónimos; (1993) Un Programa Para Ti: una guía diseñada del libro grande; Hazelden Foundation; P. 19-23.