EL SEMÁFORO

Ejercicio del semáforo

Para poder dar inicio a mi proceso de recuperación, necesito desarrollar honestidad acerca de mi alimentación.   Para ésto el Ejercicio del Semáforo puede ser una herramienta muy útil.

Sin un plan de alimentación preciso y honesto, perdemos horas interminables discutiendo con nosotros mismos y, en última instancia, cedemos ante nuestra propia mentira de que podemos comer un solo bocado y parar.

Del mismo modo, a menos que consideremos la cantidad, es posible que no alcancemos un peso corporal saludable, lo que es parte de la definición de ABSTINENCIA en OA.

Una forma de empezar es mirar todo lo que consumimos. Construyendo una lista de tres columnas de todos los alimentos que consumo habitualmente.  Debo ser extremadamente específico. No escribo “verdura”; en su lugar, nombro la verdura específica y cómo la preparo. No digo “proteína”; en su lugar, nombro la proteína específica, como “bistec”, “pollo” o “pescado”, y cómo la preparo comúnmente. No digo “azúcar” ni “dulces”, en su lugar, indico “barra de chocolate”, “helado”, “rosquilla o donut”, “pastel” o la comida chatarra específica que consumo.

Debo incluir condimentos, azúcar de mesa, sustitutos del azúcar y sal. No dejamos fuera nada de lo que comemos o bebemos.

Son alimentos que reconoces desde el fondo de tu corazón que son «alimentos desencadenantes»:   es decir, alimentos que a menudo comes demasiado;  alimentos que nunca has podido comer “sólo uno”; alimentos  a los que tu recurres conscientemente o inconscientemente cuando tus sentimientos son particularmente desagradables o agradables,   alimentos que te llaman, o  que te resultan reconfortantes.

Son alimentos que algunas veces pueden resultarte problemáticos.

Son alimentos que clararamente NO son un problema para ti;  puedes tomarlos o dejarlos;  claramente NO son alimentos reconfortantes para ti;  son alimentos que tu no acostumbras comer compulsivamente.

Realizando este ejercicio diariamente, durante un periodo de tiempo determinado, podremos conocer las reacciones de nuestro cuerpo ante las sustancias que ingerimos en los alimentos, podremos ser conscientes de los alimentos que nos perjudican y la frecuencia con que los consumimos, así como de nuestros horarios de la alimentación.  

Por ejemplo, si un día amanezco sintiendo enojo, ansiedad o depresión, puedo revisar qué alimentos consumí el día previo y la próxima vez que me sienta igual, podré distinguir si hay algo que me genere una reacción «alérgica», es decir, una reacción que involucra el «deseo imperioso» de seguir consumiendo o de realizar comportamientos compulsivos con la comida, de forma muy distinta a lo que sucede con el resto de las personas.

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